Costumbres ecológicas de nuestros mayores que estaría bien recuperar

¡Hola de nuevo!

 Hoy nos hemos levantado algo nostálgicos. Bueno, y también ecológicos. La ecología es importante, ¿no crees? Cuidar del Medio Ambiente, cada uno en la medida de nuestras posibilidades, es fundamental para que nuestros hijos y nietos hereden un planeta sano en el que vivir.

Y aquí vamos a romper una lanza a favor de los mayores, o más bien de algunas costumbres ecológicas que teníamos y que, por desgracia, se han ido perdiendo con los años. Os animamos a recuperarlas.

¿Por qué no? Que a las iniciativas que ahora siguen los más jóvenes (como reciclar los desechos en diferentes cubos) se sumen estas otras que formaban parte de un estilo de vida un poco más, digamos, antiguo.

Por ejemplo, aprovechar al máximo los alimentos. Antes no se tiraba nada. Si se compraba un pollo para hacer un guiso, con lo que sobraba se cocinaban unas croquetas. ¡Y hasta se usaban los huesos para hacer un caldo! O con el pan duro se hacía pan rallado.

Ahora se tira demasiada comida: las familias españolas desechan cada año 1.325 millones de kilos de alimentos (la mitad frutas, verduras y pan), según el Panel de Cuantificación del Desperdicio Alimentario en Hogares. Esto es una barbaridad, ¿no te parece?

Y otra costumbre ecológica que se ha perdido es la de cuidar más la ropa. Los jóvenes de ahora desechan y tiran prendas que casi ni han usado o que ni siquiera se han llegado a poner. Esto antes no pasaba. La ropa duraba años. Y si se rompía, se arreglaba.

Y lo mismo con los electrodomésticos: la plancha, la batidora, el tostador… Cuando se estropean, enseguida los desechamos. Ni siquiera se nos pasa por la cabeza intentar arreglarlos. Estamos metidos en una espiral de consumo salvaje que no hace ningún bien al Medio Ambiente.

A este respecto te recomendamos que leas este interesante post sobre la obsolescencia programada de muchos productos y una curiosa iniciativa para combatirla.

Bueno, lo dicho: que a veces no está de más mirar atrás para recordar lo bien que se hacían algunas cosas.

¡Feliz (y ecológico) día!